La metáfora del carruaje habla de la dinámica interior del ser humano.
El caballo representa las emociones.
El cochero, la mente
El carruaje, nuestro cuerpo físico
El pasajero, la esencia de lo que somos.

Cuando intentamos engañarnos al pensar que es mala suerte o, pobre de mí, lo que tengo que pasar, lo que tengo que sufrir. ¿A quién o en quién ponemos la responsabilidad de nuestra vida? ¿En qué manos dejamos ese regalo de sentir la brisa del viento, el frío, el sol, la lluvia?
A veces nos preocupamos tanto de no poder perdonar a quien nos hizo daño o incluso de la arrogancia de haber perdonado a alguien que, según tu mirada, fue injusto, te traicionó o no merecía tu perdón. Pasamos años doloridos por ese evento sin ver los momentos felices ni vivir el presente porque arrastramos una historia del pasado que nos duele y nos hace ver la vida triste y amenazante. Pensamos que a instantes nos regala privilegios como permitirnos disfrutar plenamente, pero en el momento siguiente, que es como una sombra que cuando ríes a carcajadas te recuerda como una voz silenciosa: “Recuerda que no todo está bien“. Aparece el miedo que paraliza, el miedo a ser feliz, el miedo a vivir el presente, el miedo a olvidar el pasado que en tu mente constantemente te acusa y te dice que si te das permiso de ser feliz, algo pasará… ¿Quién dirige tu carruaje?